12 de Abril a los 18 años.
Miro mis manos cada días con más insistencia, obsesionado por encontrar la línea de la vida e intuir lo que me espera. Hoy es un día especialmente penoso, Denver se ha ido a tomar unos tragos con Apollon y June, me han dejado aquí sólo ante los cuadros familiares. Estoy cansado de tener dieciocho años. Es un hervor incontestable, incómodo y desgarrador esto que siento con tanta intensidad. Si miro el camino que quiero tomar, no encuentro para nada la senda. Estoy perdido y desesperado. ¿Por qué tuvo Denver que decirme todas esas cosas ayer en medio de todos esos amigos de June? Me dolió mucho la manera en que me miró Apollon, tan digno como siempre, tan ausente, tan miserable, tan altivo como sus cuadros que nadie quiere exponer. No pienso aceptar sus disculpas aunque me ponga la mano sobre el hombro y me diga que mis pecas siguen siendo las pinturas más eróticas que conoce.
A veces me cuesta encajar en su grupo, en sus aspiraciones y sus conversaciones grandilocuentes. ¿Qué soy yo? ¿Hacia dónde se dirigen mis pasos?¿Qué me encontraré cuando la juventud haya pasado y este hervor interior me deje a solas con la vida que desciende en manadas de gente adulta? Pienso , igual que ellos, que me gustaría que el mundo cambiara, pasar a los anales de los tiempos por ser aquél chico que quiso y pudo. Sin embargo, odio la retórica y la épica, la cara de estúpida de June ante el espejo y a Denver cuando se pone idiota contemplando las cenizas del horizonte (esta expresión de Apollon me encanta).
Mañana será otro día, tengo que entregar los trabajos al profesor de Historia y despejar mis dudas. Jodida juventud que hace lo posible por retomar la fuerza que algún día me ha de faltar.
Miro mis manos cada días con más insistencia, obsesionado por encontrar la línea de la vida e intuir lo que me espera. Hoy es un día especialmente penoso, Denver se ha ido a tomar unos tragos con Apollon y June, me han dejado aquí sólo ante los cuadros familiares. Estoy cansado de tener dieciocho años. Es un hervor incontestable, incómodo y desgarrador esto que siento con tanta intensidad. Si miro el camino que quiero tomar, no encuentro para nada la senda. Estoy perdido y desesperado. ¿Por qué tuvo Denver que decirme todas esas cosas ayer en medio de todos esos amigos de June? Me dolió mucho la manera en que me miró Apollon, tan digno como siempre, tan ausente, tan miserable, tan altivo como sus cuadros que nadie quiere exponer. No pienso aceptar sus disculpas aunque me ponga la mano sobre el hombro y me diga que mis pecas siguen siendo las pinturas más eróticas que conoce.
A veces me cuesta encajar en su grupo, en sus aspiraciones y sus conversaciones grandilocuentes. ¿Qué soy yo? ¿Hacia dónde se dirigen mis pasos?¿Qué me encontraré cuando la juventud haya pasado y este hervor interior me deje a solas con la vida que desciende en manadas de gente adulta? Pienso , igual que ellos, que me gustaría que el mundo cambiara, pasar a los anales de los tiempos por ser aquél chico que quiso y pudo. Sin embargo, odio la retórica y la épica, la cara de estúpida de June ante el espejo y a Denver cuando se pone idiota contemplando las cenizas del horizonte (esta expresión de Apollon me encanta).
Mañana será otro día, tengo que entregar los trabajos al profesor de Historia y despejar mis dudas. Jodida juventud que hace lo posible por retomar la fuerza que algún día me ha de faltar.
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