Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.
¿Qué pasa ahora? Estoy escuchando desde la ventana cómo la ciudad se ha revolucionado. Unos críos tratan de persuadir a dos perritos para que se disfracen de payasos, y a lo lejos sus madres hacen que algo molesto están percibiendo. Los perros no parecen estar por la labor, y a regañadientes medio intentan ladrar sin conseguirlo. Son grandes pero tontos, parecen bestias pero representan algo más que los sueños de todos nosotros. Soy June, tengo que recordarlo siempre, que Denver no me cambie y empiece a decir estupideces de intelectual aspirante a vivir más allá de la vida. Hoy no me ha pasado nada especialmente importante. He leído algunos versos que me han emocionado sobremanera. Aunque hayan pasado unos cuantos cientos de años, te invitan a darte cuenta de que siempre existieron personas como mi chico, jóvenes que desplazaron los artilugios obscenos de la vida para desnudarse en un combate sin cuartel. Y yo con disgusto porque sólo espero con ansia la llegada de los feriantes a esta ciudad que Denver algún día hará suya. Faltan poquitos días y el olor a esperanzas nómadas lo inundará todo y nos hará irremediablemente dichosos por unos cuantos días.
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